domingo, 17 de mayo de 2009

ADIOS A BENEDETTI


Ha partido... como dijo Saramago, quedaba esa ingenuidad de pensar que lo inevitable se puede posponer... Me gustaría partir a  Uruguay ahora mismo, me habaría gustado haber viajado antes, para sentarme en su café predilecto y haber conversado con él de aquellas cotidianeidades que él transformó en poesía, en cuentos, en novelas, en crónicas...

Tenía cosas qué decirle... Por ejemplo cómo gocé con el juego de pronombres en Los formales y el frío... que la historia de Colorín Colorado por esas cosas de la vida la conocí no sólo gracias al poema, sino a que una amiga conoció de esos niños... que intento que No te salves sea mi bandera de lucha, y que Primavera con una esquina rota me hizo entender que la vida de pronto es jodida porque sí. 

Le agradecería por ese bello poema musicalizado por Isabel Parra que es Te Quiero... por La Tregua, por el Sexo de los Ángeles y por ironías como Su Amor no era Sencillo...

Cuando mi hermana me llamó hoy para contarme que se había ido, sentí una pérdida parecida a cuando se va una persona que ha vivido y sabido de tus vicisitudes, de tus logros, que ha compartido parte de tu camino... Quizás como un abuelo sabio, irónico, que hizo de la vida cotidiana y de las palabras simples la mejor de las poesías. 

No puedo evitar derramar mis lágrimas por Mario Benedetti, y me cuesta entender que el mundo no se haya detenido como un homenaje a su obra, a sus palabras. 

Pero al menos yo trato de hacerle un homenaje esta noche, mientras escribo, porque gracias a él intentaré no quedarme al borde del camino.

martes, 21 de abril de 2009

PURA RABIA


Hoy he pasado por distintos niveles de rabia… porque me pillé repasando toda la historia para ver en qué me había equivocado… hasta que llegué a la conclusión que sin importar qué opción hubiera tomado, las cosas no iban a resultar. Y me dio rabia conmigo, por sentirme culpable, por dejar que me pasaran a llevar, por haberle confiado a quien no se lo merecía tantas cosas mías, tantos secretos y privilegios, miedos, recuerdos…

Me dio rabia pensar que podría haber sido yo la que hizo las cosas mal, y encima de ese enojo vino otro más grande, por este sistemático temor a exigir y decir lo que yo quiero de verdad.

Todo mal, la verdad. He decidido por sanidad cerrar el corazón un rato. Sobre mi pecho, un letrero que dice “EN MANTENCION”

lunes, 13 de abril de 2009

REGALITOS


Ahora que se acerca el día de mi cumpleaños, y a propósito de una amiga que me pidió que hiciera una lista de regalos, me puse a pensar en todas esas cosas que una siempre desea, pero que no llegan…

En un ámbito más soñador, este año quisiera pedir que Gabo no deje de escribir y que Silvio no deje de crear esa bella poesía que son sus canciones… Un cafecito en Montevideo con Benedetti tampoco estaría mal.

En la esfera romántica, agradecería una caja de bombones con forma de corazón, y si estamos por pedir descaradamente, creo que la idea de una serenata, ahora que tengo balcón, tampoco sería mal recibida.

En lo profesional, me agradaría mucho que mis múltiples jefes alguna vez reconocieran todo el mérito mío y del resto de los peones que levantamos todo el trabajo.

Como madre, quisiera que el Peque accediera gustoso a probar el puré, el plátano, la leche con chocolate y un montón de otras comidas que facilitarían un kilo nuestras salidas de vacaciones y evitarían que yo tuviera que ponerme en la boca esa sonrisa medio torcida para decir “es que es un poco mañoso”…

Mmmm… creo que esos son los principales regalitos que agradecería en este nuevo año de mi vida… no es mucho, ¿cierto?

miércoles, 1 de abril de 2009

CACHUREANDO Y CAMBIANDO

Lo mejor y lo peor de navegar por el ciberespacio es que una se distrae. Hay demasiadas distracciones, mucha información, útil e inútil. Por ejemplo, mi intención ahora era pagar una simple cuenta... y llevo mucho rato vitrineando libros, leyendo blogs, y cuanta lesera he encontrado. Por supuesto, me deprimió pensar que la última acción de mi día sea pagar una cuenta...
Cachureando en las herramientas de mi propio blog, me di cuenta que ahora puedo "monetizarlo"... habrase visto?? No lo hice, pero descubrí cómo cambiar la dirección, así que ahora los desvaríos aparecen también en la barrita de arriba: http://desvariodeaureliana.blogspot.com .
A este pechito semi nómade también le gustan los cambios virtuales...

jueves, 26 de marzo de 2009

RAREZAS Y MANÍAS


Vitrineando en una librería de la calle Valparaíso, me encontré con un ejemplar de un libro de Néstor García Canclini… y me acordé que en los últimos años de universidad, un sueño recurrente era que me encontraba con él en una gran biblioteca de dos pisos, y conversábamos e intercambiábamos ideas… un piojo como yo de tú a tú con uno de los topísimos de las ciencias sociales de América Latina.

Eso me llevó, por salto lógico, a acodarme que en general yo sueño con bibliotecas, donde encuentro libros con cuentos maravillosos… con una reminiscencia a la biblioteca de mis padres y a esos volúmenes raros que alguna vez mi papá compró en un remate; algunos editados a fines del siglo XIX, otros verdaderas joyitas, como la edición gigante de las obras completas de Julio Verne, en papel de biblia y con bordes rosados, que afuera muestra el gran globo de La Vuelta al Mundo en 80 días.

Lo que a su vez me llevó a pensar las cosas raras que una tiene… ¿por qué no soñaré con volar, como todo el mundo? Y eso de no ser como todo el mundo desvió mis ojos hacia mis brazos, o mejor dicho, hacia mis codos. Yo tengo los brazos “al revés”. Si los estiro con las palmas de mis manos hacia arriba, el codo queda hacia abajo. Pero si doy vuelta la mano, el codo no se da vuelta, como a la mayoría de la gente le pasa, sino que permanece en la misma posición.

No sé cómo explicarlo mejor, ni tengo idea de cuál es el nombre científico. Sólo sé que una amiga que tiene lo mismo – y fuera de mi mamá y mi hermana, sólo encontré a una persona con características similares a los 24 años de vida-, me dijo que brazos como los nuestros estaban hechos para el lanzamiento de la bala (¡!). Además en cada antebrazo tengo una marca, como una rayita, que también corresponde a estos codos raros.

Tengo otras rarezas más comunes. No soporto a las arañas (sólo hace unos días quedé en ridículo en la oficina cuando me puse a gritar como loca cuando una de esas monstruosidades apareció debajo de un mueble); en las micros sólo le doy plata a la gente que canta, para agradecer su esfuerzo; nunca miro los espejos de noche y con la luz apagada (¡qué susto!); siempre cuento los escalones cuando subo, pero después nunca me acuerdo de cuántos son…

Todavía escribo un diario de vida; y guardo agendas, cartas, esquelas y dedicatorias desde los años del colegio… por mucho que he intentado botarlas, no he podido, porque tengo miedo a olvidar esa época.

Tampoco estoy bautizada, ni mi hermana ni mis primos por parte de madre, por lo que mi abuelita dice que somos moros y que nos vamos a ir al Limbo… En general soy lo que podría definirse como atea, pero creo firmemente en la reencarnación y ahora comienzo a pensar en una entidad superior como masa de energía que lo envuelve y define todo, que incluye el bien y el mal dentro de sí.

Antes, cuando sólo existían los teléfonos fijos, sabía siempre cuando una llamada era para mí, porque encontraba que el ring era distinto. No puedo tener un chocolate en la casa por mucho tiempo, porque caigo en la tentación y me lo como (por ejemplo ahora).

¡Tanta rareza y manía en este pedazo de espacio que ocupo!

viernes, 20 de marzo de 2009

CAMBIOS Y MUDANZAS




Me he cambiado tantas veces de casa que intenté contarlas ahora y perdí la cuenta… Desde chiquitita y por diversos motivos, junto a mi familia nos mudábamos de una casa a otra, de una comuna a otra. Eso sí, geográficamente hablando, lo más lejos que nos movimos fue entre la V región y Santiago…


Lo curioso es que si ese constante acarrear pertenencias de un lado a otro era algo que cuando niña podía atribuir a decisiones de mis padres, en mi vida adulta no ha sido muy distinto. Aun cuando logré el sueño de la casa propia ansiado por todo buen compatriota, agarré mis bártulos (es chistosa esa palabra) y partí a acomodarme en un nuevo hogar.


Por supuesto, la mudanza en sí es un trance odioso, y las últimas dos veces me ha causado malestares físicos e incluso psicológicos (no diré psiquiátricos, pues me suena mucho más grave y permanente, quiero pensar que ya pasaron).


Que el salvoconducto, que el flete, que los pobres muebles zarandeados, que el clavito que no le hace, que por acá falta un enchufe, que esta llave gotea, que la cama no entra… es una larga lista de pequeños problemitas que se van acumulando.


Esta vez mi martirio principal fue trasladar los servicios de cable, Internet y teléfono. Gracias VTR, creo que si sumo todo el tiempo pasado al teléfono intentando YO desenredar SUS enredos, sería al menos medio día colgada al teléfono (para el que lea esto, un consejo: mejor cancele los servicios y los contrata de nuevo. NUNCA los traslade. Y no digo que cambie de compañía porque de la otra he escuchado problemas similares y hasta peores).


Estoy divagando. No quiero quejarme del trauma de la mudanza, porque me he dado cuenta que pese a todo me gusta. Hasta este momento de mi vida, el cambiarme de una casa a otra, a un departamento, a otra comuna o a otra región, me entusiasma, porque por ahora es todo lo gitana que puedo ser y me da libertad.


Es rico cambiar las rutinas, el olor de tu ambiente, que el sol penetre por distintas ventanas y en distintos horarios. Es agradable ir percibiendo los pulsos del barrio, descubrir un negocito por acá, un atajo o un recorrido distinto para llegar a la casa o a tomar la micro.


Cuando me entró de veras el bichito de cambiarme esta última vez, una persona me dijo si no me preocupaba no darle estabilidad a mi hijo, andar de un lugar a otro. Yo como que me descoloqué… Pero entendí después.


Para mí el cambio de casa ha sido bueno y difícil, obvio, pero por sobre todo, creo que me ayudó diferenciar la casa del HOGAR. Ese que formamos el Peque y yo, no importa dónde estemos, a partir de nuestras rutinas y con nuestros códigos. Y lo más probable es que me siga cambiando y cambiando, aunque odie el proceso en sí, porque el hecho de habitar un lugar nuevo es una invitación a recomenzar, a cambiar ciertas cosas y apropiarte de otro espacio.

sábado, 15 de noviembre de 2008

MANDANOS UN TERREMOTO

En el colegio, un profesor nos contó una vez que Violeta Parra fue un día al correo a enviar el siguiente telegrama: “Diosito, por favor, mándanos un terremoto”. Resultado: el terremoto de Valdivia de 1960, uno de los más grandes que ha vivido la Humanidad desde que se registra este tipo de movimientos telúricos, y que modificó sin miramientos la geografía de esa zona del sur de Chile.

No tengo idea si la anécdota es cierta o no, nunca volví a escucharla ni verla escrita en algunos de los libros que hablan de la Viola Chilensis. Pero siempre me ha quedado dando vueltas, y en estas últimas semanas, más que nunca.

El profe decía que Violeta creía que el país había llegado a un punto de no darse cuenta, de hacerse daño y que sólo un evento de la naturaleza, una catástrofe de esas que de vez en cuando nos afectan, lograría que los chilenos pudieran separar lo bueno de lo malo y valorar lo que tenían.

Como decía, esta historia siempre me rondó, y particularmente en estos belicosos últimos días. No sé qué pasa, será la época del año, serán las conjunciones de los astros, será el agua… pero los conflictos se respiran en el ambiente.

Yo misma, creo que nunca en mi vida había sentido tanta rabia acumulada. En estas últimas semanas, he dicho cosas hirientes, he puesto caras feas y he buscado camorra por todos lados. Envié un correo electrónico horroroso, donde solté todo mi veneno, con el único fin de que la persona receptora se alejara de mí (y lamentablemente lo conseguí).

¿Será que necesitamos de vez en cuando un terremoto? Y si es así… ¿cómo se le manda un mensaje a Dios en estos días? ¿Alguien lo tiene en Facebook o en el MSN?